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Los Grandes Poderes y la crisis de la unión

27/01/2006 :: Escandinavia no fue un área de interés prioritario para las grandes potencias europeas en torno a 1905. Otros países y otras áreas fueron más importantes. En 1905, la situación en Europa estuvo dominada por la guerra entre Rusia y Japón. Las Grandes Potencias tenían diferencias entre ellas sobre la influencia en las colonias. Éstas se preocuparon principalmente de la lucha por Marruecos. Esta cuestión alcanzó el punto crítico entre Francia y Alemania en junio de 1905. Entonces, las Grandes Potencias se ocupaban en general de otros asuntos y no deseaban tratar con un conflicto en el Norte además de los ya existentes. La decisión unilateral noruega para romper la unión con Suecia, el 7 de junio, se interpretó como un acto revolucionario que pudo llevar a la guerra. La cuestión más importante para las Grandes Potencias europeas en 1905 fue mantener la situación en calma en los países nórdicos. Al mismo tiempo, las Grandes Potencias quisieron que Noruega continuara siendo una monarquía y estaban preocupados por las tendencias republicanas en el país. Este fue el antecedente que provocó el interés y la presión por parte de las Grandes Potencias desde comienzos del verano de 1905.

Las campañas de información para influir en la opinión pública desempeñaron un importante papel en los movimientos para apoyar a las Grandes Potencias. Noruega estableció un Comité de Información en marzo de 1905, cuya función fue proporcionar información en el extranjero sobre la posición de Noruega ante las leyes internacionales y constitucionales. Ya que el gobierno noruego no poseía su propio cuerpo diplomático, tuvo que utilizar otros canales. El famoso explorador del Ártico Fridtjof Nansen y el igualmente famoso explorador sueco Sven Hedin argumentaron los dos extremos de la cuestión en The Times en la primavera de 1905, en un intento de ganarse la simpatía para los puntos de vista de sus naciones. Otros suecos continuaron después de Hedin en el verano de 1905. Aunque Nansen actuó formalmente a título individual; la mayoría de sus argumentos fueron aclarados de antemano con el gobierno noruego.

Los británicos se apresuraron en ser los primeros en pedir a Suecia que encontrara cuanto antes una solución al conflicto sobre la unión, pero fueron prudentes en no verse envueltos en él para que no pudiera decirse que se ponían de un lado u otro en la disputa. Tanto los ministros rusos como los franceses en Estocolmo pidieron al gobierno sueco que aceptara un tratado arbitrado y que permitiese la permanencia en pie de las antiguas fortalezas. Tanto los negociadores suecos como los negociadores noruegos tenían conocimiento de que las Grandes Potencias deseaban una solución pacífica y negociada y que sólo intervendrían si las partes no llegasen a un acuerdo. Para Suecia supondría una doble humillación verse obligada a aceptar una solución impuesta, y no poder ofrecer una ella misma. Desde este punto de vista, la presión que ejercieron las Grandes Potencias aseguró definitivamente que las negociaciones llegaran a buen fin y que las partes en conflicto se pusieran de acuerdo y, por tanto, que se consiguiera una resolución del conflicto sobre la unión.

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